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POR CULPA DE LA INQUINA CONTRA LA “LINGUA NAVARRORUM”
Cerca de 1.600 escolares abandonan el euskera cada año
Nadie ha discutido las cifras facilitadas por el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. Unos 1.600 alumnos abandonan en Navarra cada año el modelo lingüístico D (íntegramente en euskera con el castellano como asignatura) y de ellos un 82% lo hace por problemas con el aprendizaje en vascuence. Ante este rotundo fracaso del modelo de inmersión en euskera, sus mentores políticos ya han pasado al contraataque.
28 de enero de 2010, Tribuna de Navarra.-

 

La culpa no es del sistema, de la dificultad de estudiar en un idioma que no es el materno y que no se utiliza en la relación personal y familiar, sino de quienes alimentan la inquina contra la “lingua navarrorum”.

 

La mayor parte de los alumnos que desisten del modelo A, íntegramente en euskera, y solicitan cambiar al modelo G, íntegramente en castellano, proceden según los datos de 2008 de la zona mixta (1019 alumnos) y de la zona no vascófona (805). En cambio, en la zona vascófona tan sólo desertan 22.

 

La baja cifra de deserciones en la zona vascófona, tan sólo 22, tal vez obedezca a que los alumnos viven en un ambiente euskaldún, familiar y social, que facilita el aprendizaje en euskera, a pesar de que haya problemas de entendimiento con sus padres o abuelos conocedores de los dialectos navarros y que tienen serias dificultades para expresarse en batua. Otra causa pudiera ser que en la zona vascófona no hay oferta educativa en el modelo G (sólo castellano) y hay que resignarse. Sin olvidar la presión ejercida por el fundamentalismo abertzale. Renunciar a estudiar en euskera es un desprecio a la “lengua nacional” y, por tanto, un acto de traición a la patria vasca.

 

No hay duda de que la cuestión del vascuence es un motivo de confrontación desde 1977. Que se estudie en vascuence en las zonas vascoparlantes, si así lo quieren para sus hijos los padres libremente y sin imposiciones,, no tiene discusión. Pero obligar a un niño, que tiene como lengua materna el castellano, a realizar una inmersión educativa en euskerea, aunque lo hayan decidido así sus padres, es difícilmente justificable si no es porque hay una inequívoca voluntad política de adoctrinamiento euskalherríaco.

 

Alguna vez se ha dicho que si Euskadi fuera independiente ocurriría con el batua lo mismo que sucede en la Irlanda con el gaélico, que no deja de ser un elemento de la identidad irlandesa pero que contrasta con la realidad social de una población que se expresa en inglés (el idioma de la potencia que durante siglos oprimió a y la enseñanza de este idioma a los extranjeros ha sido durante mucho tiempo uno de los pilares de la economía de muchas familias irlandesas.

 

Que el euskera sea un patrimonio cultural no significa que pueda y deba convertirse en la única lengua, como ahora pretenden las autoridades catalanes convertir al catalán repudiando así su enriquecedor bilingüismo histórico que tan buenos resultados ha dado a Cataluña.

 

Lingua navarrorum

 

El hecho de que en un documento de tiempos de Sancho el Sabio el notario hubiera hecho referencia al vascuence como “lingua navarrorum” no significa que el batua deba convertirse en el idioma oficial de toda Navarra. Empecemos por decir que no existe ninguna disposición del rey sabio que califique al vascuence como lengua oficial del reino, cosa que en cambio sí ocurrió con el “idiomate navarre terre” al que hoy llamamos castellano o español, mucho antes de que Navarra se incorporase a la monarquía común. En el siglo XI se denominaba “navarros” a la parte autóctona o rural de la población del reino, que ya por entonces había recibido numerosas aportaciones étnicas. La corte –y el Derecho, donde sí se expresa el alma o la conciencia colectiva era el romance derivado del latín y al que los textos jurídicos llamaron “idiomate terre navarre”.Sin contar con que la Ribera todavía se expresaba en árabe, pues no había sido “reconquistada”.

 

Se suele decir que la variedad idiomática es enriquecedora, pero no es verdad. Dificulta la integración que nace de la comunicación y del conocimiento. Obliga a destinar ingentes recursos económicos para conseguir una “normalización” lingüística que es más que difícil porque se trata de ir contra corriente y que en el fondo no es más que el fruto de una imposición adoctrinadora.

 

Claro es que si somos vascos, constituimos una nación y vivimos oprimidos por España, es lógico que queramos ser euskaldunes y expulsar de nuestras vidas el español para ser nosotros mismos y viajar –por qué no, si tal es nuestra voluntad- por el túnel del tiempo hacia la era cavernaria.

 

Entre tanto, en los países de nuestro entorno o al sur del Ebro, las nuevas generaciones prestan preferente atención al aprendizaje, como mínimo, del inglés. Lo tienen claro.
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