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GRAVE RETROCESO DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA
¿A dónde nos lleva Zapatero?
Nada nos gustaría más que poder proporcionar a nuestros lectores la noticia de que nuestra renta per cápita o producto interior bruto es hoy 150 euros por encima del año 2009. Eso querría decir que habríamos salido de la recesión. Pero las cosas son como son, a pesar del falso optimismo que quieren transmitir algunos de nuestros políticos. En el año 2004 nuestra renta per cápita se situó en los 16.731,05 euros. Al finalizar 2007 estábamos en los 17.7967,68 euros. En tan sólo dos años hemos perdido 1.000 euros per cápita. Estamos ya por debajo en 150 euros del año en que los socialistas retomaron las riendas de la economía.
José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno de España.
29 de enero de 2010, Tribuna de Navarra.-

 

La herencia recibida de los gobiernos de Aznar –con Rodrigo Rato como copiloto de la economía– se han dilapidado por la impericia de quien está en el puente de mando: José Luis Rodríguez Zapatero acompañado de un equipo incompetente o, cuando menos, ineficaz.

 

Así que los españoles somos más pobres –o menos ricos, según se mire- que en 2004. El problema es que 2010 no invertirá esta galopante tendencia a la baja, a diferencia de los países que compiten con nosotros en el ranking de las economías más desarrolladas, para las que comenzamos a ser una carga pesada. Todavía resuenan en nuestros oídos lo que no eran más que vulgares baladronadas con las que engañar al electorado: “Estamos en la ‘champion league’ de la economía”. Por eso, cuando con el mismo aplomo sostiene ahora que en 2010 saldremos de la crisis –“si no lo hemos hecho ya”– la desconfianza crece todavía más.

 

Déficit y deuda

 

Los socialistas, sumisos a las ocurrencias de Zapatero, han vuelto a los números rojos en los presupuestos públicos. El año 2008 el déficit fue del 3,8 por ciento del PIB, cuando en el 2007 había habido un superávit del 2,2 por ciento, que hizo creer al presidente que el Señor, misericordioso, haría caer el maná sobre la casi opulenta sociedad española. Las pocas voces que se oyeron –entre ellas las del Partido Popular– advirtiéndole que estaba a punto de producirse la explosión de la llamada “burbuja inmobiliaria” cayeron en el más absoluto desierto. Más aún, se llegó a acusar de “antipatriotas” a los profetas de nuestra desgracia. Se perdió un tiempo precioso y, por eso, cuando se produjo la crisis financiera mundial estalló la burbuja y desde entonces estamos sumidos en el fango del desempleo y sobre todo de la desesperanza.

 

En medio de la tempestad, a Zapatero que aprendió economía en dos tardes, con escaso aprovechamiento a pesar de haber tenido un buen profesor, Jordi Sevilla, no se le ha ocurrido otra cosa que hacer como si aquí no pasara nada y pagar los enormes gastos del Estado mediante el endeudamiento. Como estaba convencido (¿) de que la crisis era pasajera, no pasaba nada por el hecho de que en 2009 el déficit público se situara por encima del 10 por ciento del PIB. Pero como sus previsiones se han venido abajo el déficit del año 2010 ya casi nadie se atreve a pronosticarlo.

 

Las consecuencias no pueden ser más nefastas para todos. Nuestros lectores, que son inteligentes, saben que el déficit se produce cuando los gastos son superiores a los ingresos. Para cubrirlo hay que recurrir al endeudamiento, mediante financiación exterior o la emisión de deuda pública. Pero si un ciudadano, y eso lo sabe todo el mundo, pide un préstamo tendrá que destinar parte de su renta a pagar los intereses y devolver el principal. Lo mismo le ocurre al Estado. Ocurre que el Estado somos todos y las ocurrencias de nuestro Gobierno nos repercuten a todos. ¿Cómo? A través de los impuestos.

 

¿Qué va a ocurrir este mismo año? Que para pagar los intereses del gigantesco endeudamiento del Estado –al que hay que añadir el de las Comunidades Autónomas y de los municipios– los españoles tendremos que pagar más impuestos. A las generaciones venideras les tocará apechugar con la devolución de la deuda.

 

Así las cosas, si Dios no lo remedia –y desde hace tiempo no parece ocuparse de nuestras cosas– de aquí al año 2012 podría ocurrir que el déficit para el pago de la deuda pública podría llegar al 90 por ciento del PIB. Si se añade el pago de la financiación exterior –cada vez más cara porque nuestra credibilidad (rating) en los mercados internacionales cotiza a la baja–, que alcanza el 150 por ciento del PIB, las posibilidades de recuperación de nuestra economía se reducirán de tal modo que es previsible que dure casi una década. El desempleo es la peor política social Las cifras de desempleo no pueden ser más pavorosas. Oficialmente estamos en 4 millones de parados, pero no se incluyen en el cómputo a los autónomos que han tenido que cerrar sus negocios o los trabajadores que se han apuntado a cursos de formación. ¿Puede España soportar cerca de 5 millones de parados? Nuestra tasa de paro es el doble de los países de la eurozona. Zapatero se ha negado hasta ahora a reducir el gasto público por una cuestión de sectarismo ideológico. Quiere demostrar que se puede resistir la crisis económica sin que los más débiles y marginados sufran sus consecuencias. Eso está muy bien y nadie aboga por reducir los gastos sociales inherentes al estado del bienestar (educación, sanidad y servicios sociales). Pero si al mismo tiempo no se recupera la confianza de los emprendedores, la banca no abre el grifo del crédito y no se reforma el mercado laboral además de adoptar medidas eficaces de contención y drástica reducción del gasto público y del déficit de las Administraciones Públicas, no volveremos a crear empleo. Y, como decía Aznar, la mejor política social no es la del subsidio sino la de la creación de puestos de trabajo. La solución no consiste en elevar la presión fiscal, pues subirán los costos de la producción y nuestras empresas se encontrarán en graves dificultades para competir en el mercado internacional. Y la recuperación de nuestras exportaciones es imprescindible para remontar la crisis. Una sociedad subsidiada –en el caso de que además haya recursos para ello– es una sociedad muerta. Lo malo es que hasta el 2012 no tendremos la oportunidad de provocar un cambio de gobierno.
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