| 30 de junio de 2010, Tribuna de Navarra.-
Al término de la marcha, que finalizó en la Plaza de los Burgos de Pamplona, hizo uso de la palabra el “historiador” nacionalista Pello Esarte Munain. Dijo que “presentar el conflicto como causa de la división entre navarros es falsear la realidad a favor del engaño”. Afirmó que “formamos un pueblo chiquito, pero como tal queremos una gobernación del mismo estilo: cercana y propia, donde sepamos lo que pagamos y en qué se gastan los tributos que ponemos". Y después de sostener que “debemos retornar el nombre de Navarra, al sentido de Estado que tuvo y al derecho de regirnos políticamente y económicamente, que teníamos y tenemos", concluyó con el grito de Gora Euskalerria Askatuta.
Por su parte, el coordinador de Nabarralde, Ángel Recalde, consideró muy positivo haber invertido el sentido de la marcha, de forma que en lugar de comenzar en Pamplona para terminar ante el monumento a la batalla erigido en Salinas, obra del escultor José Ulibarrena, decidieron hacerlo al revés para que terminara en Pamplona, lo que congregó a un mayor número de asistentes. Recalde declaró que dentro de dos años tendrá lugar el 500 aniversario de la conquista de Navarra, “momento para relanzar el debate sobre la recuperación de la independencia”.
Sofisma vizcaíno
Entre los asistentes se encontraba el vizcaíno Gabriel Ezcurdia Arteaga que se unió a la marcha, según declaró, con el objetivo de "recuperar nuestra memoria histórica". "Navarra fue el primer Estado progresista de Europa", recordó, señalando a la vez que "para saber a dónde ir, hay que saber de dónde venimos". Ezcurdia apostó por "un Estado progresista contra el capitalismo".
Que alguien defienda a estas alturas la independencia de Navarra puede resultar un tanto estrambótico, pues la viabilidad de un Estado navarro soberano en la Europa de nuestros días es una utopía irrealizable. Pero se trata de una postura política que, como demócratas, somos los primeros en respetar.
Ahora bien, está claro que los organizadores de la marcha se envuelven en la bandera de Navarra para enmascarar su verdadera intención que no es otra que la de incluir a Navarra en el proyecto euskalherríaco.
Y lo que resulta más esperpéntico todavía es que esto se haga al calor de un episodio histórico que puso de manifiesto que vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses –como leales súbditos de la Corona castellana– contribuyeron al triunfo de las armas del Emperador, como lo habían hecho nueve años antes al formar parte sus milicias del ejército del duque de Alba que invadió Navarra en 1512.
Es falso sostener que en las campas de Noáin murieron “cuatro mil navarros” en defensa de la independencia de Navarra, pues en su mayor parte eran soldados franceses reclutados por Francisco I de Francia a las órdenes del general Asparros, al que acompañaba la flor y nata de la nobleza francesa. También murieron algunos navarros pertenecientes a la facción agramontesa. Por otra parte, en el ejército imperial formaba un numeroso contingente de navarros de la facción beamontesa, que habían jurado fidelidad a Fernando el Católico. |