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24 de julio de 2010, Tribuna de Navarra.-
Las agencias de información divulgaron ayer por la tarde el
resultado del “test de estrés”. En Navarra la noticia causó
un auténtico terremoto. La Banca Cívica había suspendido y
necesitaría 406 millones de euros para garantizar su
solvencia. El fracaso del equipo gestor dirigido por Enrique Goñi
y el presidente Sanz –que presume de ser un
experto en materia financiera o al menos es lo que mejor sabe
hacer, según le dicen– no podía ser más clamoroso.
Banca Cívica contraataca
Para contrarrestar el negativo impacto de la noticia, los rectores
de Banca Cívica contraatacaron de inmediato
anunciando que ayer mismo habían conseguido que el Fondo de
Inversión norteamericano, J.C. Flowers &Co. (JCF),
firmara una “carta de intenciones” en la que la referida institución
financiera muestra su interés en suscribir un
“instrumento” por importe de 450 millones de euros, lo que
garantizaría las necesidades financieras de la Banca
Cívica para alcanzar el nivel de solvencia exigido en el caso de
que se produjera un empeoramiento de la situación
económica europea.
El acuerdo entre Banca Cívica y J.C. Flowers & Co. (JCF) se ha
producido después de que el Congreso ratificara el
pasado 9 de julio el Real Decreto-Ley por el que se modifica la
Ley de Órganos Rectores de Cajas de Ahorros, que
permite a estas entidades abrirse al capital privado.
Al parecer, el Fondo norteamericano suscribirá una emisión de
cuotas participativas convertibles en acciones. La
emisión estará remunerada a un interés inicial del 7,5%, un
0,25% por debajo del precio del Fondo de
Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), y será computable
como recursos propios básicos ('Tier 1') del SIP
integrado por Caja Navarra, Caja Canarias y Caja de Burgos.
La conversión en capital de Banca Cívica está ligada
esencialmente a la admisión a negociación de las acciones de
Banca Cívica en un mercado secundario oficial (bolsa), estando
obligado el fondo JCF a dicha conversión en un
periodo máximo de dos años a contar desde la admisión a
negociación.
Banca Cívica ha informado que de esta forma se facilita la
entrada en su capital a JCF, una de las mayores empresas
de inversión del sector financiero del mundo y que cuenta con
inversiones por valor de 10.000 millones de dólares
en entidades financieras.
La información hecha pública por Banca Cívica especifica que la
carta de intenciones firmada entre ambas partes
incluye mecanismos de permanencia en el accionariado a medio
plazo de JC Flowers.
Además, Banca Cívica destacó que la entrada de JC Flowers en
su capital refrenda la vocación del grupo, recogida en
su contrato de integración, de acudir a los mercados privados de
capital y le permitirá "impulsar sus planes de
crecimiento nacional e internacional y mantener una intensa
inyección de crédito a empresas y particulares".
El acuerdo entre Banca Cívica y el fondo está sujeta a 'due
diligence' (auditoría) y a la aprobación de los respectivos
órganos del grupo financiero, sus cajas accionistas y JCF, así
como a las correspondientes autorizaciones de las
autoridades reguladoras del mercado de capitales. .
Asimismo, Banca Cívica informó que el presidente de JCF, Chris
Flowers, había declarado que, tras estudiar el
mercado financiero español, el fondo ha considerado que "el
proyecto de Banca Cívica es uno de los de mayor
solidez y potencial de crecimiento nacional e internacional dentro
de la banca española y, por eso queremos
participar en él".
En la operación, concluye el comunicado de Banca Cívica, han
participado el despacho Ramón y Cajal de Madrid y el
Remag Global, despacho de asesoría financiera de Ignacio
Foncillas en Nueva York.
Lo que no dice el comunicado es si la aportación de los 450
millones de euros supone que a partir de ahora el
control financiero de Banca Cívica pasa a manos
norteamericanas, lo que supondría que el final del flamante
invento
para afrontar el futuro habría concluido con la implantación de un
banco extranjero en nuestro país en una
operación que no estará sujeta a control alguno, eso sí, bajo la
batuta de Enrique Goñi que sería su primer
beneficiario.
“Lo tengo todo” (Enrique Goñi, Navidad de 2009)
Es evidente que el acuerdo de intenciones –que habrá que ver si
finalmente se materializa, pues fue suscrito antes
de que se hiciera público el resultado del “test de estrés” de la
banca europea– constituye una cortina de humo con
la que los rectores de la Caja de Ahorros de Navarra tratarán de
enmascarar la cruda realidad: el clamoroso fracaso
de su gestión.
Desde que comenzó la crisis económica el triunfalismo de los
responsables de Caja Navarra ha llegado a extremos
delirantes. Poner en duda la solvencia de la Caja se presentaba
como una grave irresponsabilidad, que sólo podía
poner en riesgo su viabilidad. Alguien llegó a decir que la Banca
Cívica era el “google de la Banca”. Se presumió de
que el ejemplo de la banca participativa – “tu eliges, tu decides”–
se estudiaba como modelo a imitar en las
Universidades extranjeras. En el colmo de la arrogancia la Caja
colgó en su página web un ridículo vídeo en el que
Enrique Goñi se desprendía de un gorro de Papá Noel al que
nada tenía que pedir porque “lo tengo todo”. Tan sólo
seis meses después nos enteramos de que todo era un engaño.
La solvencia de Banca Cívica y, por tanto, de nuestra
Caja está en entredicho y no sería capaz, salvo que se produzca
una inyección financiera multimillonaria, de soportar
un agravamiento de la crisis económica, que no es descartable
a la vista de la situación de nuestro país.
Antes de la entrada de Enrique Goñi, el fichaje estrella de Miguel
Sanz, la Caja de Navarra era una entidad
extraordinariamente solvente. ¿Qué ha ocurrido desde
entonces? La respuesta debe exigirse a sus responsables. ¿Ha
tenido que ver en ello la política de inversiones inmobiliarias
(recordemos la compra de un Banco en un país
centroeuropeo) llevadas a cabo a través de la maraña de
sociedades filiales creadas en los últimos tiempos? ¿Ha
habido despilfarro en el gasto no financiero?
Es posible que la salvación venga de la mano del Fondo de
inversión yanqui. Probablemente la apertura de la oficina
en Washington haya tenido mucho que ver en ello, Pero si la
“carta de intenciones” se transforma en un acuerdo en
firme se habrá firmado el acta de defunción de Caja Navarra,
que habrá pasado a manos privadas. Todo esto se ha
hecho a espaldas de la sociedad navarra, sin transparencia
alguna y con la complicidad de los partidos que
conforman la actual mayoría gobernante.
Ayer por la tarde, hubo en la Caja una reunión de urgencia de la
Junta de Entidades Fundadoras. A la salida, el
semblante de alguno de los reunidos demostraba una grave
preocupación. El resultado del “test de estrés”, se
quiera o no, tendrá un negativo impacto en la confianza de los
impositores. ¿Asistiremos a una retirada masiva de
fondos? El tiempo lo dirá. |