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30 de julio de 2’010, Tribuna de Navarra.-
Ocurre que en el Parlamento catalán han podido primar otras consideraciones que nada tienen que ver con el propósito de proteger a los animales. Los partidarios de las corridas argumentan que es mayor el pánico que experimentan los animales vacunos o porcinos cuando se les conduce al matadero., mientras que el toro de lidia representa un bien económico de extraordinaria importancia para la conservación de esta especie que de otra forma desaparecería. Además, el toro de lidia en la plaza no experimenta el sufrimiento que se atribuye a la lidia.
A favor de la prohibición han votado 68 diputados, que casualmente pertenecen en su gran mayoría a los grupos nacionalistas. La mayoría de los parlamentarios socialistas se opusieron a la prohibición, encabezados por el presidente Montilla. El PP, en bloque, votó en contra.
De ahí que pueda sospecharse, con fundamento, que en la actitud del nacionalismo catalán ha prevalecido la intención de acabar con la “fiesta nacional” española para marcar así la diferencia de la identidad catalana con la de otros pueblos “bárbaros” de España.
En Navarra los partidos han expresado también su postura. Sólo Aralar ha mantenido una actitud crítica, aunque es seguro que no plantearán ninguna propuesta parlamentaria tendente a la prohibición. Para desesperación de los nacionalistas las fiestas de San Fermín y las de la mayoría de las poblaciones navarras gira en torno al toro. Sin corridas no habría encierros y desaparecería así un manifestación cultural unida indisolublemente a la idiosincrasia de los navarros.
Para defender la “fiesta nacional” el Partido Popular ha anunciado su propósito de promover en las Cortes la declaración como “fiesta de interés cultural” de las corridas de toros. Se pretende así garantizar la existencia de los festejos taurinos en todo el territorio nacional, aunque existen dudas fundadas acerca de que una ley en tal sentido pueda dejar sin efecto la ley del Parlamento catalán. En cualquier caso, se suscitaría sin duda un conflicto de competencias que, al final, tendría que resolver el Tribunal Constitucional.
El presidente Montilla, al término de la sesión del Parlamento catalán, declaró su confianza de que la prohibición no afectaría “a las relaciones de Cataluña con España”. Es esta una muestra más de la deriva del socialismo catalán que pretende que Cataluña y España son dos realidades nacionales diferentes, olvidando que conforme a la Constitución la Comunidad catalana forma parte de la nación española. En suma, todo un despropósito. |