| Tenía previsto dedicar este artículo a la Presidencia española de la Unión Europea, y ya lo tenía medio pergeñado, cuando me he sentido profundamente conmovida ante el terremoto que ha devastado Haití. En mi opinión, tragedias como ésta deberían concienciar a todas las personas, sobre todo, a quienes nos dedicamos a la actividad pública, sobre la necesidad de trabajar intensamente para dar respuesta a las catástrofes naturales, pero sobre todo, para paliar las graves injusticias del mundo, las situaciones de pobreza extrema en que vive la mitad de la población. Para 3.000 millones de personas, el día a día es una catástrofe y si a ello se suma un terremoto, nos encontramos con una realidad desoladora, con el caos más absoluto.
Haití ha sido portada esta semana en todos los periódicos, pero hace unos días no era noticia a pesar de ser un Estado donde más del 70% de la población vive con menos de un dólar al día. No era noticia a pesar de que desde hace décadas gobernantes sin escrúpulos han estado llevándose a manos llenas el dinero, sin realizar ningún esfuerzo por mejorar la situación de los haitianos.
Podríamos pensar que hay un determinismo geográfico, unos condicionantes naturales que cercenan cualquier posibilidad de desarrollo en Haití, sin embargo, la realidad es muy distinta y nos encontramos con Santo Domingo, una isla preciosa, dividida en dos estados: República Dominicana y Haití. Mientras que en República Dominicana, aunque queda mucho por hacer, se está avanzando y hay una importante actividad económica y turística, en Haití, a dos horas en coche, y antes del terremoto, sólo existía miseria y desencanto.
En demasiadas ocasiones la desgracia se ceba con las personas y con los países más desfavorecidos. También los desastres naturales son más atroces porque actúan sobre poblaciones mucho más vulnerables, que si no tienen con que cubrir mínimamente sus necesidades vitales, mucho menos tienen tecnologías con que afrontar y amortiguar las consecuencias de una catástrofe o medios e infraestructuras con que garantizar una mínima capacidad de respuesta.
Es imposible hablar de desarrollo, de crecimiento, de avance, sin trabajar decididamente para erradicar la pobreza en el mundo. Los políticos no podemos estar satisfechos de los avances en una parte de la tierra, mientras en las tres cuartas partes restantes la población vive en el umbral de la pobreza. Deberíamos tomar medidas más contundentes y efectivas en la cooperación internacional. No se trata sólo de que un país o una comunidad autónoma ofrezcan ayuda, hace falta trabajar con unidad y coordinación junto a los organismos multilaterales para que los proyectos de cooperación sean más eficaces, se puedan evaluar y se garantice que la ayuda llega realmente a su destino y a los fines previstos.
No habrá paz social si no hay cohesión. No se puede consentir que el crecimiento de unos lleve al empobrecimiento de otros. Las imágenes que nos han llegado estos días de Haití son tremendas pero no puedo dejar de pensar en la pasividad con que todos hemos dejado que se llegara a esos extremos. Ahora es urgente dar una respuesta inmediata a la tragedia provocada por el terremoto. La prioridad es rescatar a los supervivientes, salvar vidas, hacer posible que la ayuda humanitaria llegue. Pero esa respuesta inmediata no se puede acabar ahí, no se trata de paliar las consecuencias de una catástrofe natural sino de reconstruir todo un país que antes del terremoto ya era una catástrofe, con una esperanza de vida que no superaba los 50 años y con unas condiciones de vida y salud de las más precarias del mundo.
Confío en que la Comisión de Cooperación del Congreso de los Diputados, de la que formo parte, se reúna de inmediato para instar al Gobierno a que active todos los mecanismos posibles de ayuda humanitaria de forma coordinada con la Unión Europea y a que se comprometa en la ayuda a Haití también en el medio y largo plazo, de forma que cuando, pasadas unas semanas, esta tragedia ya no ocupe portadas en los medios, la dramática situación de los haitianos y de los pueblos que viven en la pobreza más extrema no caiga en el olvido. |